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El Fracaso de las inteligencias.

Actualizado: hace 11 horas

Por Salvador Castillo Castillo




Hace más o menos 33 años, recibí una carta proveniente de la Universidad Nacional Autónoma de México en la que se me comunicaba que había sido aceptado para cursar la carrera de Médico Cirujano en la Facultad de Medicina. Ese, sin duda es uno de los momentos no solo más felices, sino también de los más definitorios en mi vida, pues lo que soy profesionalmente en la actualidad, parte precisamente de ese momento en particular. 


Ser aceptado en la UNAM, después de haber cursado toda mi vida académica en escuelas privadas, no fue sencillo pero sí bien merecido y sobre todo bien valorado y aprovechado: Fue la UNAM quien expidió mi título de Médico Cirujano y también fue la UNAM quien expidió mi título como Médico especialista en Audiología y Foniatría. Siempre he trabajado en un Hospital-Escuela por excelencia que es el Hospital Infantil de México (formador prestigioso de pediatras avalado por la UNAM) y desde hace 15 años la UNAM avala el curso de Alta Especialidad que diseñé, fundé y del cual soy profesor titular desde entonces, además de ser miembro del Comité Académico de mi Especialidad en la Unidad de Posgrado de la Facultad de Medicina de la misma universidad.


De unas semanas para acá y a partir del enorme problema que significó el examen de admisión en línea aplicado por la Universidad (en el cual se detectó que miles de aspirantes habían incurrido en conductas tramposas), he sido testigo de una gran cantidad de descalificaciones e insultos hacia mi Alma mater en redes sociales. Me ha dolido ver calificativos como “fábrica de porros” o “productora de desempleados”, tanto como leer generalizaciones ridículas y reduccionistas en las que se resta valor a una institución por otorgar un título a determinados personajes de la vida política de este país; o ver cómo de un plumazo las pequeñas mentes en donde sólo entran publicaciones de 3 líneas se atreven a “borrar” la historia de nuestra máxima casa de estudios con una desfachatez que sólo puede explicarse por su ignorancia. Y me duele porque yo he vivido la realidad a través no solo de mi experiencia como universitario, sino también de mi experiencia como profesor de posgrado de varias generaciones, siendo testigo cotidiano de una realidad plagada de profesionistas dando su máximo con el objetivo de cumplir sueños, en un sistema que no siempre resulta óptimo para tal fin. Una realidad no de números, no de estadísticas, no de presupuestos y por supuesto tampoco de críticas de gente que, en su mayoría, jamás pisó alguna de sus aulas pero sí se atreve a vomitar, con ese desenfado que da el anonimato, sobre el nombre de una Institución cuya autonomía está por cumplir 100 años, ni más ni menos. 


Un examen en línea con candados y medidas de seguridad provistos por inteligencia artificial, podría considerarse una idea democratizadora que facilita a quienes viven lejos, el tener acceso a un proceso de admisión a la educación superior. El problema es que en México, no todos tienen el mismo ancho de banda de internet, la misma memoria RAM en su computadora… o los mismos principios y valores como la honestidad. 

En días pasados he visto videos de jóvenes afirmando cínicamente que el examen no era más que un trámite, que no era relevante si hacían trampa porque lo importante era ingresar a la universidad a cualquier costo (así este sea sacrificar a la conciencia en el altar de los likes); he visto a jóvenes decepcionados al haberles sido cancelada una admisión (obtenida probablemente de manera honesta), he visto a jóvenes cometiendo actos que ya podrían entrar en la categoría de berrinche renunciando a otro examen porque “No tengo que demostrarle nada a nadie” (cositaaaa) y a otros afirmando: “Si pasé una vez, pues paso otra vez y punto”; pero también he visto testimonios de gente a quien le “vendían” preguntas del examen, o casos en los que se ofrecía suplantar la identidad de alguien con el fin de obtener un puntaje suficiente… En todo caso, la cantidad de información y críticas en redes sociales resulta abrumadora y la UNAM ha cancelado el contrato con la empresa Territorium Life (responsable de la aplicación del examen) además de que llevará a cabo 3 auditorías al proceso en distintos niveles para deslindar responsabilidades y realizará un examen de control a los aspirantes que habían sido aceptados, pero también a aquellos cuyo puntaje en el examen hubiese bastado en años anteriores para obtener su ingreso. ¿Podría considerarse una medida justa? Para muchos que no hicieron trampa y no quedaron, sí. ¿Podría considerarse una medida injusta? Irónicamente, para muchos que tampoco hicieron trampa y que sí quedaron, también, porque tendrán que repetir un proceso que ya habían superado.


Pero entre todo este mar de videos, tuits, posts, sospechosismo y comunicados oficiales incluidos aquellos en los que se desprecia a la meritocracia y en los que se habla de puros derechos y ninguna obligación en lo que respecta a la educación superior, creo que nos estamos olvidando de algo: Por supuesto que la UNAM tiene una responsabilidad fundamental cuando convoca a un examen para el ingreso de más de 50,000 alumnos y decide la manera en la que el proceso se llevará a cabo… después de todo, es ella quien organiza; pero hablar exclusivamente de responsabilidad institucional sin hablar de responsabilidad social, deja un hueco enorme en la discusión de este tema tan delicado, ya que tal vez no estamos haciendo la pregunta correcta: ¿Fracasó la UNAM con el examen en línea, o fracasó una sociedad incapaz de hacer un examen sin trampa? 


Porque una vez que el fracaso de la inteligencia natural de muchos alumnos provocó el fracaso de la inteligencia artificial del examen, inevitablemente surgen varias preguntas incómodas que van más allá de una matrícula universitaria: ¿Cuándo hablaremos de confiar en nuestra sociedad en vez de confiar en herramientas tecnológicas? Si hubiese un examen en línea completamente infalible, ¿Eso nos curará de la infección de la trampa, transa o como se llame a eso a lo que estamos tan acostumbrados los mexicanos? ¿Llegará un día en el que nuestra sociedad pueda presentarse a una prueba sin la necesidad de tener supervisión estrecha, simplemente porque entendemos el valor de la honestidad como algo que debemos tener y no solo exigir a los demás? Ya sé que es mucho más sencillo formar una turba enardecida, tomar los trinches y las antorchas, e ir a los espacios digitales a darle con todo a la Universidad, al sistema educativo y hasta cuestionar que si en verdad sirve un título universitario en la actualidad o si los jóvenes ya están listos para ser médicos preguntándole al Chat GPT lo que necesiten saber o hacer, o saber hacer... cualquier cosa en lugar de plantearse si no será que nuestra sociedad está aprendiendo a exigir mucho sin dar nada a cambio.


El caso es que estos días me ha tocado ver a una sociedad indignadísima apaleando a la UNAM en redes sociales, mientras le grita cínicamente algo así como: “¡¡¡Fracasaste porque no supiste vigilarme lo suficiente!!!”; como si tuviéramos asumido que la trampa es algo inevitable e inherente a nuestra condición de mexicanos y que quien falló fue el carcelero que dejó que escapáramos de la maldita honradez; porque, ya saben, siempre es mejor tener una víctima propiciatoria que un poco de autocrítica. 


Dice Octavio Paz que la obra de Vasconcelos en materia de educación, posee toda la coherencia poética de los grandes sistemas filosóficos, pero no su rigor. Es decir, su filosofía tiene un carácter más bien personal que no llegó a convertirse en corriente filosófica… Y el que su lema icónico: “Por mi raza hablará el espíritu” evidentemente no signifique nada para los estudiantes actuales que pretenden usar (en la más miserable de las acepciones) a la Universidad en lugar de integrarse a su comunidad, me parece un síntoma no sólo de lo que afirma Paz, sino de la descomposición de la que nuestra sociedad no solo es víctima sino cómplice.

 

¿O es que acaso en este asunto turbio y vergonzoso sí habló por nuestra raza el espíritu actual de nuestra sociedad mexicana? Me encantaría decir que no, pero sospecho que sí fue eso lo que ocurrió... y para desgracia nuestra, eso no se corregirá mejorando un examen. 




 
 
 

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