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LOS TERRAPLANISTAS DE LA AUDIOLOGÍA

Actualizado: 9 ene

Por: Dr. Salvador Castillo C.


  • “Dr: No quiero que implanten a mi hijo con hipoacusia profunda, porque el Dr. "X" me dijo que el implante coclear no es mejor que los aparatos que ya usa y que con lectura labiofacial estará maravilloso.”

  • “Dra: Me da miedo implantar a mi hija con hipoacusia profunda, porque la Dra. "Y" me dijo que va a escuchar metálico toda su vida y puede hasta sentir toques eléctricos.” 

  • “Dr: Mejor no quiero implantar a mi bebé con hipoacusia profunda, porque el Dr. "Z" me dijo que el implante no sirve, que no deje que experimenten con mi hijo.” 


Si las razones anteriores provinieran del abogado, de la señora que hace uñas, del administrador del condominio o de un grupo con ideología radical que afirma que hacer escuchar a un sordo está mal, no me preocuparía. De hecho, todos los días nos encontramos con que hay muchos mitos, leyendas urbanas y situaciones que se difunden entre las personas de mil maneras diferentes y abarcan todos los temas posibles, muchos de ellos relacionados con asuntos de salud. Ya saben: la tierra es plana, las vacunas sirven para meternos chips espías en el cuerpo, los médicos sacan el líquido de las rodillas a los enfermos de COVID y una sarta de tonterías que, dichas con seguridad, pueden ser tomadas por verdades porque en estos tiempos, no es relevante tener estudios o entrenamiento en áreas específicas: basta simplemente con opinar de algo (y hacerlo con seguridad) aunque sea la primera vez que tenemos contacto con el tema, para que parezca que sabemos de lo que hablamos. 


En realidad, lo que me preocupa es que no sea un "coach" que se formó en un curso de "audiología" unos meses en línea, sino que sean médicos audiólogos (certificados y toda la cosa) quienes en ocasiones mal informan a las familias que ponen la salud de sus hijos en sus manos. Y me explico: 

Que un reumatólogo no esté bien enterado de las actualidades en lo que respecta al tratamiento de la sordera, no es grave ni extraño; bueno… ni siquiera parece algo digno de platicarse. Pero que un médico con especialidad en Audiología no tenga evidencia académica suficiente para recomendar un tratamiento estandarizado en todos los países civilizados, y que por cierto es único en su tipo en la medida en que restituye uno de nuestros sentidos cambiando la vida de los pacientes de forma radical, realmente debe preocuparnos como comunidad audiológica por las posibles causas que originan esto; porque la palabra "ignorante" no debería escribirse en el mismo renglón que la palabra "especialista" cuando se habla de una especialidad y de un médico que la practica... pero hablando de la implantación coclear, es un hecho que los prejuicios y la orientación a pacientes desde el desconocimiento ocurren y a un servidor le ha tocado ser testigo no una, sino varias veces de comentarios como los que reproduje al inicio de esta humilde opinión. Pero ¿Cuáles podrían ser esas causas? Se me ocurren 3 en particular:


Posibilidad 1.  Que el audiólogo en cuestión no haya tenido contacto alguno con programas de implantación coclear.  Situación delicada, pero entendible en un medio en el que los programas de implante coclear no están generalizados a todas las instituciones (incluyendo aquellas en las que se forman los médicos residentes).  Sin embargo, un médico especialista en un área determinada, debe conocer, por lo menos la teoría de cada uno de los aspectos no sólo diagnósticos, sino habilitatorios o rehabilitatorios del área en la que -- se supone -- es experto (a). ¿Es válido ser audiólogo y no ser experto en implante coclear? Por supuesto que sí; la implantación coclear es prácticamente una subespecialidad de la audiología y no todos tienen la posibilidad o el interés de sumergirse en ella y no hay nada de malo en eso.  Lo que no es válido ni aceptable, es NO tener una idea clara de las indicaciones y alcances de la implantación coclear, (que es un procedimiento exclusivo del área a la cual nos dedicamos) con el fin de orientar a nuestros pacientes… y aún así tomarnos la libertad de emitir una opinión --generalmente sesgada-- acerca de algo en lo que no somos expertos, desorientando desde el desconocimiento a quien confió en nuestra experiencia profesional.  


Si en verdad uno es experto en un área determinada, puede prescribir o no prescribir determinado manejo basándose en evidencia científica y en el criterio clínico como siempre hacemos. Pero si no se es experto, resulta muy poco ético desalentar a los pacientes a buscar un procedimiento que podría resolver algo que nosotros no podemos; así que lo que buenamente debería hacerse es, primero, investigar al respecto para tener una idea clara acerca de los alcances de dicho manejo con el fin de orientar a nuestros pacientes; o en su caso recomendarles acudir con alguien que sí es experto, con lo cual seguramente mejorará su pronóstico. Recordemos que una cosa es no ayudar y otra cosa es, de plano, estorbar. 


Posibilidad 2. Que el audiólogo en cuestión haya tenido contacto con un programa de implantación, pero que este sea poco exitoso o definitivamente deficiente en su ejecución. Esto, por supuesto, plantea otra serie de situaciones de índole institucional que en muchas ocasiones tienen que ver precisamente con algunos de los problemas de la Audiología en nuestro país: Uno de ellos es que no se cuenta con un programa permanente, generalizado y supervisado no sólo para la detección, sino también para la intervención temprana en hipoacusia; para decirlo pronto: En México se detecta tarde y se interviene tarde, con la consecuencia obvia de tener pacientes habilitados parcialmente y con un desempeño lingüístico deficiente. En otras palabras: al no tener como prioridad la intervención temprana, en nuestro país hay una gran cantidad de pacientes usuarios no solo de auxiliares auditivos, sino también de implante coclear, con un pobre rendimiento auditivo y lenguaje oral poco o definitivamente no funcional.

Otro de esos problemas es la existencia de equipos quirúrgicos dedicados exclusivamente a implantar pacientes, sin tener médicos audiólogos como parte de un equipo interdisciplinario que participe en el diagnóstico, selección del candidato en cuestión, pruebas transoperatorias y seguimiento audiológico estrecho, dejando de lado tooooodo el proceso habilitatorio que viene después del acto quirúrgico con las consecuencias lógicas y previsibles. 

He sido testigo de comentarios de pacientes como el siguiente: “En el hospital "X", tienen 100 pacientes implantados y varios oyen, pero ninguno habla; yo creo que ese aparato ni sirve” Pues claro, si los detectaron a los 3 años, empezaron a usar aparatos con mal rendimiento a los 4 años y se implantan a los 5 años… No se necesita ser un genio para saber que el pronóstico es malo en materia lingüística aunque la cirugía, las programaciones y la terapia sean los adecuados. 


Pero en el caso de estos "Audiólogos terraplanistas" también hay que decirlo: el pensar que lo que ocurre en mi microuniverso debe generalizarse a todo el universo, es un error bastante común, conocido como la falacia de generalización apresurada: Si estoy a mitad del océano y pesco un pez naranja y me atrevo a decir que mi experiencia me permite afirmar categóricamente que TODOS los peces en el océano son naranjas, pues estoy cayendo en ese muy evidente y hasta infantil error. Pero si además existe la agravante de que estoy haciendo dicha afirmación cuando me encuentro investido como EL experto en océanos, pues la cosa toma otro nivel de gravedad. 

Permítanme informarles que existen millones de casos documentados de éxito del implante coclear en este planeta; pero si ninguno de esos está en el lugar en donde trabajo, pues lo más sensato sería el empezar a replantearme algunas cosas ¿o no?


Posibilidad 3. Que el audiólogo en cuestión haya tenido contacto con el implante coclear, pero que no haya tenido éxito en dicha área y no la practique más. Todos tenemos derecho a no ser exitosos en algo a lo cual hemos querido dedicarnos; somos humanos y podemos fallar o simplemente perder el interés en algo por diversas razones o circunstancias. El problema viene cuando, a consecuencia de no lograr dominar una disciplina, nuestro ego nos impulsa a demeritarla o menospreciarla para justificar nuestra propia falta de capacidad, curiosidad, disciplina, constancia o lo que sea. Y es peor si eso guía nuestro criterio cuando somos percibidos por el paciente como expertos en aquello en lo que fallamos o simplemente no nos interesa. Si el lector se siente identificado con esto, mi sugerencia, de colega a colega, es que realice dos actos de humildad. Para el primero, que repita como un mantra: “El que no me haya ido bien manejando implante coclear, no significa que el implante coclear no sirva”.  Y a continuación y en un segundo acto de humildad, que consulte la bibliografía adecuada y actualizada o que acceda a uno de los múltiples cursos de capacitación en el tema, para buscar ese conocimiento del cual reniega.


En la actualidad, el tratamiento estándar de las pérdidas auditivas severas y profundas, es el implante coclear (y no lo digo yo: esto puede consultarse en cualquier guía de práctica clínica seria), que es un dispositivo que ha tenido que demostrar, no sólo en uno que otro consultorio u hospital, sino ante organismos sanitarios como la FDA o la Agencia Europea de Medicamentos, su efectividad cuando los candidatos, los procedimientos y el seguimiento se llevan a cabo como debe ser y en los tiempos en los que deben llevarse a cabo.  Este dispositivo ha evolucionado y seguirá evolucionando pues ha resistido la prueba del tiempo desde hace décadas, y hasta no encontrar otra solución a los problemas originados en el oído interno, es lo que tenemos y su efectividad no debería ser puesta en duda simplemente porque está documentada en libros, artículos, consensos y guías de práctica clínica, y basta con acercarse a dichos materiales para acceder a esa evidencia. El que un médico especialista en Audiología niegue la evidencia científica que sustenta la efectividad de un tratamiento de su área, lo pone en el mismo nivel que cualquier no profesional que por ignorancia, ideología, interés económico o simple prejuicio, opina en contra de este sin la conciencia de que podría estar cambiando --para mal-- el destino de un paciente.


El mundo, la medicina y los conceptos evolucionan constantemente, y nuestra obligación como especialistas es evolucionar con ellos… mantenernos al día aunque no nos sea posible siempre llevar la teoría a la práctica por las razones que sean. Puede hallarse información gratuita y confiable si se sabe en donde buscar, y sobre todo si se tiene la inquietud de cumplir la promesa que uno hace cuando decide ser médico, de cuidar y velar porque nuestras intervenciones signifiquen una mejora en la calidad de vida de nuestros pacientes.   




 
 
 

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